Parte I. Meditación.
Cuando mi hijo Iago tenía menos de cuatro años me preguntó qué era un minuto, ya que le acababa de decir que tendría que esperar unos minutos por algo que me pedía. Como era un niño muy charlatán le propuse un juego: Le dije que desde el momento en que yo dijese "ya" empezaría a contar un minuto y no podría hablar hasta que le avisase, aquel momento de silencio sería un minuto.
Al inicio del juego se quedó, además de callado, prácticamente inmóvil, como esperando a que pasase algo especial, mirando intrigado alrededor. Al cabo de unos segundos, no había pasado el minuto, acercó lentamente su cara a mi oído y me susurró: "¿falta mucho?"
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